Esta peculiar obra es una figura/persona que está hecha en hierro soldado y que a pesar del material utilizado y de su impactante altura de seis metros, posee un cuerpo de proporciones estilizadas, piernas largas y líneas basadas en la estructura muscular humana, detalles que insuflan a Waldemar con una notable vitalidad. Las piezas son desmontables, lo que permite su fácil traslado, y por las noches regalan un espectáculo digno de ver: sus líneas constructivas se transforman en arterias de luz que, al ritmo de su corazón (hecho en acrílico), laten y generan un movimiento que replica el sistema circulatorio.
Waldemar es una obra integradora, ya que sin importar donde se encuentre, la naturaleza que lo rodee pasa a formar parte de la instalación, y de esta manera, al trasladar la creación de Celina Saubidet a las distintas ciudades de la gira latinoamericana, distintos Waldemares se mirarán desde distintos puntos geográficos, generando así una unión simbólica en toda la región, ya que los ojos de Waldemar miran más allá de donde nosotros podemos ver.
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