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quinta-feira, 24 de fevereiro de 2011

La guerra por las fotos de Shakira y Piqué

Comienzo con un vaticinio: las exclusivas de corazón van a morir. Los síntomas de su enfermedad terminal empiezan a ser evidentes cuando vemos que imágenes con un valor de miles de euros en el mercado de las agencias se cuelgan ahora en las redes sociales para disfrute gratuito de la comunidad de cotillas.

Les presento un caso práctico y de absoluta actualidad: desde hace semanas, una tropa de 'paparazzi' tenían como único cometido lograr 'el beso', es decir, la evidencia definitiva de la relación de Shakira y Gerard Piqué. El trofeo era de caza mayor: la pieza se valoraba en 100.000 euros. Para abrir boca, una serie de agencias los habían cazado saliendo de la mano de un restaurante. La exclusiva se arruinó cuando supuestamente un 'hacker' entró en los archivos de una de esas agencias, capturó las fotos y las difundió por Internet. ¿Ilegal? Por supuesto, pero ahora echa un galgo a todos los blogs, foros y páginas privadas que la están haciendo circular por el ciberespacio.

Martes 22. Solo un día después de este incidente mediático, una ciudadana anónima tomaba otras imágenes de la pareja en el aeropuerto de Barcelona. La cantante y el futbolista pasaban juntos el control de pasaportes, de lo que se deduce que la escapada tenía como destino el extranjero. La autora utilizó su móvil y su Facebook. Listo. Dicho de otra manera: ya todos tenemos las herramientas para, al instante, convertir en escaparate la vida de los demás.Y ahora, díganme cómo un medio puede permitirse pagar una fortuna por un material que quizá un aficionado hace público en su Twitter horas antes de que salga a los quioscos. Mala inversión.
Para cerrar el círculo, estas fotos que ven aquí se tomaron en el aeropuerto de Berlín, donde aterrizó la pareja. Pertenecen a una agencia que las ha distribuido a todo el que quiere comprarlas por un precio inferior a cien euros. Como ven, el producto ha perdido valor.
Todo esto me lleva a pensar que quizá las nuevas tecnologías han encontrado, antes que los legisladores y los jueces, la manera de que los personajes del papel cuché se libren de la persecución de la prensa: que los propios protagonistas expongan retazos de su intimidad en las redes sociales adelantándose a la exclusiva. Así, se acabó el negocio y el acoso.

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